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Un nuevo comienzo

A veces necesitamos dejar las cosas atrás, cambiar todo lo que no nos gusta y rechazar lo que el mundo pide a gritos porque no eres tú el que se deja la garganta dejando claro qué es lo que quiere. Había muchísimas cosas en mi vida que quería cambiar, y una de ellas era el tema en el que estaba enfocando la fotografía en mi día a día.

Para seros sinceros, nunca quise estudiar fotografía. Convertir en obligación mi pasión nunca ha entrado dentro de mis planes. Pero la vida es así de caprichosa y de un año a otro me vi con una cámara en las manos forzada a hacer fotografías que para mi no significaban nada, que ni siquiera me gustaban y que tenía que hacer para sacar un aprobado, el cual diría en un futuro lo maravillosos y cualificados que estamos todos, como si un ocho o un cuatro hiciera al fotógrafo.

Me sentía como una inutil, llevaba toda mi vida sacando fotos y nunca me habían gustado menos, jamás me había dado tanta pereza sacar la cámara de la mochila, y el trabajo y lo que me gusta se unieron en un 'esto no me hace feliz'. A una fotografía la faltaba luz, a la otra la sobraba ¿y por qué no le has quitado esa marca a la modelo? al final acabé en el circulo de autoexigirme cosas que no me gustaban, pensamientos que no habían salido de mi. Y lo que un día di por maravilloso ya no me servía.

El mundo ha ido imponiendo unas directrices que no encajan conmigo, no encajan en como soy. Ni creo que lo hagan nunca. Las personas que han visto la música que hay en mi Ipod, o los que han mirado dentro del armario siempre me han dicho que es extraño que pueda tener ropa tan distinta, o canciones que al ponerlas en aleatorio no parecieran haber salido del mismo lugar. Y eso es lo que soy yo con la fotografía. No puedo seguir un tono, somos colores infinitos. Incontenibles.